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Indios, jesuitas y franceses 

Todo se remonta al tiempo en que los guaraníes habitaban las tierras de los pueblos prehispánicos. Ubicados en la  Mesopotamia argentina y regiones cercanas de Uruguay, Paraguay y Brasil. El mate como infusión se bebía en pequeños recipientes obtenidos de calabazas vacías y disecadas con la ayuda de un sorbete o bombilla hechos de caña. Algunos nativos (charrúas) directamente masticaban las hojas mezcladas con agua o bien filtraban la bebida con los dientes. Esta técnica les permitía saciar su sed y adquirir energía en pocos segundos. En la cultura guaraní, a la bombilla de caña se la llamaba temimbitehá o tacuapí.  El nombre “mate” que hoy usamos viene de mati que era como le decían al recipiente en sí, a la yerba propiamente dicha la llamaban ka’a. Además de ser una bebida de consumo básico, era un elemento de trueque entre los nativos y otros pueblos vecinos (charrúas, incas y pampas). El consumo se extendió a los jesuitas misioneros que vivían con los guaraníes y así fue como ellos a su vez, llevaron consigo el mate (aunque la bebían como un té) a las distintas regiones del Virreinato del Río de la Plata. Se puede decir que con ellos comenzó la explotación y la gran industria yerbatera. Los monjes introdujeron el cultivo en las reducciones que abarcaban extensos territorios desde Misiones, norte de Corrientes, sur de Paraguay y sur de Brasil. Con su expulsión a fines del siglo XVIII, los jesuitas se llevaron el secreto que habían descubierto de su germinación. Fue recién gracias a la investigación del botánico francés Aimé Bonpland que no se perdió totalmente el interés en la yerba. Sus trabajos se perdieron y recién años más tarde, ya en Argentina, en la provincia de Misiones, a principios del 1900 se logró descubrir que las plantas que germinaban eran las que habían pasado previamente por el sistema digestivo de ciertas aves de la zona. Gracias a estos estudios se recuperaron plantaciones a grandes niveles ya que los consumos desproporcionados y el misterio de su germinación habían desabastecido las antiguas reducciones. Comenzaban así las plantaciones modernas de yerba mate.

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La planta de yerba mate 

La yerba mate o Ilex Paraguariensis es una planta del género de las aquifoliáceas, nativa de la Selva Paranaense, que crece en estado salvaje en las cuencas del Alto Uruguay y Alto Paraná.  Su árbol puede medir entre 12 y 16 metros de alto. Al cumplir cuatro años, se pueden comenzar a podar las hojas a una altura de 3 metros para poder cosecharlas a mano y someterlas a un posterior tratamiento, a fuego directo, y así obtener la yerba sin humedad tal como se la conoce para su consumo. Por ello las cantidades de yerba húmeda cosechadas son tres veces mayor de las que resultan una vez desecadas.

Siglo XX: plantaciones y reglas

Al comienzo del siglo XX, surgieron las grandes industrias de yerba de Argentina. Se situaban en los puertos del Sur, Rosario y Buenos Aires ya que la yerba originaria de Brasil y Paraguay se transportaba por el Río Paraná.

Con la llegada de los colonos europeos, el Gobierno Nacional les adjudicó tierras para cultivar yerba mate. Sin embargo una vez que comenzaron a producirla, los industriales yerbateros de Buenos Aires y Rosario decidieron seguir comprando la que arribaba de Paraguay y Brasil. La provincia de Misiones se vio afectada por tal decisión y el estado debió intervenir. En 1936 se creó la Ley  12.236 y la “Comisión Reguladora de la Yerba Mate” y el “Mercado Consignatario de Yerba Mate Nacional Canchada”. Se prohibió la plantación de yerba mate otorgando cupos para su producción. La importación de yerba de Brasil y Paraguay continuó. En 1989 cuando se eliminó la CRYM el productor siguió trabajando pero esta vez sin la intervención del estado, generando desde 1995 una superproducción de materia prima que hizo caer los precios incluso hasta hoy. 

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El cultivo de Yerba Mate en la actualidad

La distribución natural de la yerba mate es restringida y no se logró cultivarla fuera de su región. La delimitación de su crecimiento subtropical es: el Atlántico al este y el rio Paraguay al oeste, entre 18° y 30° de latitud sur. Las características de la tierra,  zona húmeda y la temperatura son ideales para su cultivo. En vano se han intentado plantaciones en otros países como América del Norte, Asia y África, lo que la convierte en un producto exclusivo y de importante valor económico para dichas regiones sudamericanas. 

Aquí y allá

Si bien es una planta de producción local, la costumbre de beberla ha sido adoptada por distintas culturas a lo largo de la historia. Comenzaron los guaraníes en sus tierras, luego compartieron el hábito con los jesuitas misioneros quienes la cultivaron y la dieron a conocer por todo el Virreinato del Río de la Plata. Los criollos comenzaron a consumirla desde hace ya más de cinco siglos ininterrumpidamente. Hoy en día es reconocida y adoptada mundialmente por sus grandes beneficios a la salud.

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 Social

En la Argentina y países limítrofes se acostumbra a compartir el mate. Los nativos indígenas se pasaban la infusión uno a uno. Más tarde los gauchos, quienes una vez terminada su jornada en el campo, se reunían a tomar mate alrededor del fogón. De manera que no se trata solamente de beber una infusión nutritiva. Es también un poderoso hecho cultural. Cuando se dice “Tomamos unos mates ?” no sólo se está bebiendo Yerba Mate; es un momento de relajación y de acercamiento con los demás. Se comparten historias, pensamientos, estados de ánimo. Aún en soledad, el mate es un compañero de reflexión. Entre cebada y cebada, vamos subiendo las sensaciones por la bombilla. En un mundo cada vez más acelerado y con menos tiempo para simplemente compartir una buena charla o el silencio, el antiguo ritual de encender un fuego, preparar el agua y la hierba, permanentemente nos recuerda que la profundidad de las cosas siempre está en los actos más sencillos. 

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Poderosa Yerba Mate

La Yerba Mate aporta vitaminas B1, B2, más de diez tipos de aminoácidos, hierro, magnesio, sodio y potasio. Además de los claros beneficios nutricionales, posee otras ventajas. Por ejemplo, los asiduos tomadores de café, empiezan a reconocer en ella a un excelente sustituto para elevar y mantener la energía física y mental sin efectos secundarios. Es por esta razón, que en los centros de estudios universitarios de todo el mundo hay cada vez más tomadores de esta infusión, tanto fría (tereré) como caliente.

También se demostró que aumenta el colesterol “bueno” y eleva una enzima en sangre que funciona como cardioprotector. Tiene efecto energizante por la presencia de xantinas (cafeína, teobromina, teofilina), compuestos que estimulan el sistema nervioso central, promueven la actividad mental y aumentan los niveles de energía y concentración. De hecho, en no pocas ocasiones, la población nativa enfrentaba largas horas de trabajo con la Yerba Mate como casi único sustento. Asimismo, por su alta concentración de polifenoles, mejora las defensas del organismo e inhibe la proliferación de células de cáncer de boca.

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